Es asombroso ver y da seriamente que pensar, la perfecta sintonía y alineación incondicional de la sociedad civil y opinión pública española con respecto al tema del Sáhara. Independientemente del color político, la tendencia ideológica, cuando de cerca o de lejos se trata el tema, España se convierte un clamor, conviven todas las adversidades, se comprometen todas las sensibilidades y encajan extrañamente todas las piezas del puzle tan enmarañado y casi imposible de acoplar en otras cuestiones, mucho más determinantes y sustanciales para esa opinión pública. Es paradójico e irónico a la vez como España, hace caso a su carta magna y cumple escrupulosamente con el concepto de “la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”.
El caso Aminatu Haidar es fiel reflejo de lo citado anteriormente. En “defensa” de su causa salió la flore y nata de clase política. “La créme de la créme” de la elite intelectual. Todos los medios, sin excepción alguna, hicieron correr ríos de tinta representando a la activista como la versión femenina de Ghandi, el icono más representativo de la lucha revolucionaria, (aun siendo este término cada vez más infumable y aborrecible por los medios de comunicación porque ya no se lleva de moda, o porque huele a Chavez, Morales o Ahmadimayat). Los medios de comunicación han usado toda su artillería que sirve entre otras cosas para el adoctrinamiento de las masas y el amaestramiento de las voluntades para tal fin. Y como suele pasar siempre en estos casos, los rumores se convierten en realidades absolutas e irrefutables. Los bulos en exactitudes indiscutibles y la verdad –pobre verdad- se queda sólo como un cabo suelto de la mentira.
Y siempre cuando se trata de los temas relacionados con el Sahara, los palos, las antipatías, las repulsiones, las hostilidades dialectales, las animadversiones populares tienen la misma diana. Los dardos saben por definición donde tienen que clavarse: Marruecos y los marroquíes. Y para eso poco importa que seas nacionalista o españolista, izquierdista o derechista, culé, colchonero, perico, ché, o merengue, devoto de Antonio Tomás o activista anti-taurino, rezando a dios o infamando a Rouco Varela. Lo más importante es arrimar filas y unir sentimentalismos, añadiendo el siempre muy eficaz ingrediente de los prejuicios y salpimentando con clichés repletos de arbitrariedades e insensateces y recurriendo a los soflamas de siempre, las argumentaciones frívolas superficiales arraigadas en las cabezas que tienen debajo del cuero cabelludo especies de rocas y pedruscos indiferentes y desdeñosos a toda otra realidad que no sea la enmarcada en sus conciencias, inmutable e invariable aunque las realidades que tanto se condenan hayan cambiado, se transformado y evolucionado.
En este cuento la barra de medir es doble y de uso pérfido. Es preocupante y desconcertante la usanza que se da a esta repentina moral colectiva que de pronto se manifiesta sin tapujos ni reservas a favor de una causa haciéndose portavoz de la libertad y justicia universales.
Los mecanismos utilizados siempre son los mismos. Los titulares también: Marruecos se niega, Marruecos desoye, Marruecos desobedece, Marruecos infringe, Marruecos rechaza…tanto que da la impresión de que a Marruecos se le ha trazado una hoja de rutas. Un protocolo de acción que debe seguir al pie de la letra sin desvío ninguno. Y sino pues rienda suelta a las porras mediáticas. Por el camino se olvida que es un país soberano, una nación como tantas otras, con sus lindezas y sombras, sus exquisiteces que tanto se aprecian en la península y sus contrariedades que se asemejan bastante a las vividas y sufridas en la España del antes de ayer…El tema del Sáhara es un tema de estado . Tanto como lo puede ser la lucha contra el terrorismo, la educación o la política territorial en España. Con la diferencia de la existencia de un amplísimo consenso y beneplácito por parte de la opinión pública y la sociedad civil marroquí. Se podría decir, salvando ciertas distancias, que el Sáhara es el Euskadi particular del Reino de Marruecos. Bastantes son los símiles que se pueden encontrar si se buscan : partiendo de la situación de conflicto, pasando por consenso político y social que ha generado una causa común, y acabando por las amplísimas ventajas económicas y fiscales de las que se benefician las regiones del sur.
Debe de inquietar especialmente que en las consciencias de los marroquíes cuan efecto Boomerang, termine por forjarse esta relación entre los dos conflictos de un modo nocivo. La proporción causa-efecto es propensa al avance con tanta polémica y porfía por el medio. Hasta el momento la actitud de los marroquíes ha sido irreprochable en ese sentido. Las voces separatistas e independistas siempre tuvieron mal eco peor prensa en Marruecos donde existe un respeto considerable a la integridad territorial española. Pero con tanta intromisión, manipulación y calumnias mediáticas vertidas en contra de Marruecos, que nadie se extrañe y ponga las manos sobre la cabeza luego, si proviene del Atlas o del Rif algún grito de Gora Euskal Herria askatuta! O Visca Catalunya Lliure!
La historia de Aminatu dista mucho de cómo se está vendiendo en los medios. No es la historia de una activista reprimida, maltratada, con libertades coartadas y derechos restringidos. No es cuento perfecto de la desamparada víctima y el destripador verdugo. Y definitivamente tampoco es la fabula de un pueblo oprimido y condenado a la diáspora y un estado sicario que lo persigue con prisa y sin pausa.
El embrollado contexto que ha creado Aminatu Haidar y sus valedores en el frente Polisario, en Argelia y parte de la sociedad civil española, deja en evidencia el poder de reacción a nivel político e institucional del gobierno español y perjudica seriamente su imagen. Le ha faltado temple y sobre todo mucha cintura para no enredarse en la trampa mediática que ha diseñado hábilmente Aminatou Haidar. Poco margen de maniobra ha tenido y tendrá para desbloquear la situación frente a la firme postura del pueblo y gobierno Marroquí ante esta cuestión. Porque seamos sinceros, pese a quien pese, no se le puede obligar ni presionar a Marruecos a aceptar por la fuerza el regreso de Aminatou del modo del que ella lo quiere hacer. Ósea, torciendo el brazo y la voluntad de los marroquíes. Marruecos tampoco se puede permitir el lujo inventarse salvoconductos y autorizaciones especiales que faciliten ese regreso. Definitivamente no es una cuestión que puede tener solución burocrática. La sociedad marroquí se siente insultada y despreciada por su actitud hostil de Aminatou. Las manifestaciones populares, las campañas en internet, el rechazo categórico al retorno de la activista pro-Polisario, se multiplican diariamente.
